NO ME DEJES … NO ME ALEJES

No parece necesario profundizar en esas dos peticiones, son muy claras. Pero sin embargo, merecen la posibilidad de estudiarlas desde la perspectiva de la interacción humana.
Cualquier persona puede hacer la primera, NO ME DEJES, no me abandones, no te vayas de mi lado o cualquier otra frase por el estilo. Pero a la vez la respuesta de la otra parte es una demanda: NO ME ALEJES, es decir, estás haciendo algo que debes cambiar, algo que no me separe de ti, que tus acciones me acerquen, me animen a seguir contigo, que no quiera irme, alejarme de ti….
La cuestión es que aunque parecen dos peticiones con acciones distintas, es tan sólo una. La responsabilidad se establece en una sola dirección. De quien parte la petición, obtiene a su vez una demanda, de ti depende que no me vaya, que tú actúes de manera que me estimule y gratifique quedarme a tu lado. Y se vuelve a plantear la situación, por lo tanto la responsabilidad es del primero.
Visto así parece ser cosa de uno. Y en la mayoría de los casos esa es la sensación, o lo que se transmite cuando en realidad la responsabilidad, salvo situaciones claramente extremas, es una responsabilidad de dos. Independiente del porcentaje de responsabilidad.
Por eso y para consolidar una relación o simplemente evitar la ruptura, es esencial analizar la situación en función del intercambio de comportamientos, es decir, lo que yo hago por ti y lo que tú haces por mí, -intercambio de refuerzos- ese intercambio que al principio es muy gratificante y refuerza acciones de acercamiento, para un futuro cuando la relación empieza a deteriorarse y ya no se intercambia casi nada, incluso se eviten acercamientos que gradualmente van disminuyendo, hasta que cesan del todo.
Y ahí viene lo perverso de la relación, como no recibo nada de tu parte, paso de esperarlo a pedirlo y finalmente a exigirlo y así finalmente obtengo algo, no porque la otra parte quiera dármelo, sino como una forma sencilla de acabar cuanto antes esa situación tan incómoda, o simplemente, dando algo evita la presión o incluso el castigo, y así la relación va pasando, de ser gratificante a basarse esencialmente en acciones de evitación del “castigo”. Con todo lo de perverso que tiene ese tipo de comportamiento.
Se hace algo para escapar o evitar el “castigo” y no para conseguir algo bueno, gratificante o satisfactorio. A modo ilustrativo está el ejemplo de que al principio, voy “corriendo” a casa para verte, para estar juntos, pero ahora voy o me acerco a nuestro encuentro, para evitar el reproche, el malestar o simplemente las malas caras. Y así nuestra relación va muriendo día a día, paso a paso.
Obviamente no hablamos solo de relación de pareja, sino de todo tipo, colaboradores, padres, madre, hijos, hijas, hermanos, socios, etc..
Debemos aprender a establecer relaciones entre iguales, donde el intercambio conductual positivo, con sus expresiones emocionales y afectivas sean la base. Y no que la evitación del “castigo” sea el eje sobre el que se desarrolla la relación.

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Acerca de Enrique Cervantes V.

Director de Centro de Psicología Comportamental. Más de treinta años, contribuyendo al bienestar pscicologico de las personas.
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